Miedo Al Miedo

el insurrecto Retroenlaces (0) Añadir comentario   

Clásico en Bogotá: Santa Fe contra Millonarios. Rojos contra azules. Pobres contra adinerados. Yo iba con los primeros. Con los que suelen perder a corto plazo y ganar con la distancia. Me acompañaron al estadio unos amigos de las barras rojas. La policía nos cacheó en el umbral del fondo sur. Normal. Apenas unos metros después nos volvieron a registrar unos soldados. También lo entiendo. Hace diez años la guerra civil colombiana era todavía más áspera y cotidiana que una matanza de cerdos. Los militares formaban parte del mobiliario urbano de sus ciudades. Uno por cada esquina. La guerrilla, el ejército, autodefensas, cualquiera podría ser culpable de dinamitar las furgonetas de la cruz roja que auxiliaban a sus propios muertos. No eran noticiables los secuestros con menos de diez personas sin extranjeros. Un miedo rayano a la locura formaba parte del aire en idéntica proporción al oxígeno. En mitad de las escaleras del primer anfiteatro nos volvieron a cachear incautándonos las correas de los pantalones. Yo me negué. Dije que no podían tratarme como a un presunto delincuente. Que me la quitaran cuando me viesen golpear con ella a otro. Los policías no mudaron el gesto. Uno se limitó a agarrarme por la espalda y el otro a arrojar mi cinturón a la calle. A pesar de la caótica lluvia de correas, los ladrones actuaban con cierta moralidad al revender sólo las que se quedaban sin recoger a la salida del encuentro. De pie en las gradas, entre los cánticos y el colorido de las barras rojas y azules, asomaban cuchillos, aguardiente y bengalas. En descargo de las fuerzas de seguridad, a todos los hinchas se les caían los calzones.

 

            Una semana después fui a un festival de música al aire libre. El mismo ritual a la entrada. Cacheos y más cacheos. Como si fuésemos prestidigitadores capaces de sacar un arma de fuego de la entrepierna. En el último registro me quitaron el tapón de mi botella de agua. Yo pregunté por qué. Y me volvieron a tratar como a un potencial terrorista obsesionado con agredir a la cantante de Aterciopelados de un botellazo en la garganta. Tampoco se podía entrar alcohol. En teoría. Durante el concierto, los vendedores clandestinos predicaban agua en voz alta a 500 pesos y vendían aguardiente a 2000 en su lugar. 

 

            En el aeropuerto de Ámsterdam nos obligarán a pasar por un escáner que te desnuda por completo a los ojos de la policía. El mismo mal. Los mismos atropellos. La misma sinrazón. El mismo desprecio por la intimidad de la persona. El mismo miedo. Da igual que te quiten un tapón, una correa o que te desnuden sin quitarte nada de ropa. Porque ya te han desvestido de la cualidad más humana: la libertad. La presunción de inocencia. La soberanía individual. Decía Bertrand Rusell que “la educación en la crueldad y el miedo es mala, pero los que son esclavos de estas pasiones no pueden dar otro tipo de educación”.  Yo me niego a pertenecer a esta categoría de esclavos y a que me enseñen los que sí lo son y lo aceptan sin remilgos. Coincido con Ludwing Borne en que el hombre más peligroso es aquel que tiene miedo. Y yo sólo tengo miedo de los que lo tienen.

Y La Luz Brilla En Las Tinieblas

el insurrecto Retroenlaces (0) Añadir comentario   

 

 

Veinte años antes de su muerte, Tolstói comenzó a escribir un drama autobiográfico al que llamó Y la luz brilla en las tinieblas. En él se retrata incoherente. Atormentado. Solo. El príncipe intelectual y moral de la revolución bolchevique, no soportaba vivir como un noble mientras alentaba con sus palabras la insurrección de los miserables. El oficio de escritor permite duplicar su existencia en personajes que viven en cada página lo que desearía haber vivido. Tolstói no lo hizo con su propia muerte. Él ansiaba morir en paz con su conciencia, como un mendigo, en la calle, lejos de su palacio y de su esposa. Pero dejó la tragedia inacabada para que la terminase de escribir la vida. Por cobarde.

             Rosa Aguilar, la princesa intelectual y moral del liberalismo comunista, también quiere abandonar su casa y su pareja de gobierno. Huir. Pero no puede. Por cobarde. Y ha decidido que sea la vida, que sean otros, los que pongan final a su tragedia íntima. Como Tolstói.

 Ella sabe que es el gozne en los pactos globales de IU y PSOE. Aún así, actuó por su cuenta desde la campaña para dejar claro que quien pactaba en Córdoba era Rosa Aguilar y no su partido. La razón del acuerdo consistía en que todos los éxitos y fracasos del cogobierno fuesen imputables a ella y al PSOE, nunca a IU. Conseguido. Ahora solo queda salir de donde no está para cruzar a la otra orilla. Pero nadie la llama. Ni nadie la echa. Tiene que irse sola. Y ha llegado el momento.

Ya no queda nada de aquella IU de los 21 escaños en Andalucía. Miento. Queda el Partido Comunista. Y sus sedes. Es decir, todo. En Sevilla es más que probable que ganen los críticos con el apoyo del ínclito Sánchez Gordillo y los suyos de la CUT. Pero en el resto de Andalucía, ganará el PCA. Y en la federal, el PCE. Y entonces Izquierda Unida volverá a ser lo que siempre fue: una realidad virtual y evanescente compuesta del partido y de los que comen del partido.

Stefan Zweig, en una magnífica recomposición del final del drama de Tolstói, pone en boca de un estudiante estas palabras: “Todos nosotros tenemos una sola pregunta que hacerle, Lev Nikoláievich Tolstói. Todos nosotros. Toda la juventud revolucionaria de Rusia. Y no hay ninguna otra. ¿Por qué no está usted con nosotros?”. Rosa Aguilar respondería: “Porque nunca estoy con los perdedores”.

La única perdedora del Congreso Federal de Izquierda Unida será Izquierda Unida. Y todos los que se identificaron con esa tienda de disfraces en quiebra. Rosa Aguilar incluida. Todo el mundo sabe que ella no está en el partido. Que ha cerrado filas con Chaves en numerosas ocasiones, algunas tan escandalosas como votando a senadoras socialistas o en contra de unas elecciones propias para Andalucía. Pero Chaves no la llamará porque no le conviene a él ni a su partido. Todavía.   

             Tolstói murió de manera ejemplar a finales de octubre de 1910. Escapó para ser nadie. Para estar a solas con su Dios. Y se hizo grande para toda la humanidad. Ella sólo se irá para ser alguien. Sólo se irá para seguir viva. Con su Dios. Que es ella misma.

Democracia CuáNtica

el insurrecto Retroenlaces (0) Añadir comentario   

 

Newton, Darwin y Rousseau

 

             “Principia matemática” de Newton es el libro científico más revolucionario e importante jamás escrito. Con él derogó a Dios como causa eficiente de todo lo visible e invisible. Sus leyes universales dotaron a la Humanidad de explicaciones puramente mecanicistas para los fenómenos físicos. El filósofo Alexander Pope llegó a escribir: “La naturaleza y sus leyes permanecían ocultas en la noche. Dijo Dios: ¡Sea Newton! Y todo fue luz”. Por poco menos quemaron a Galileo. Siglos más tarde, demasiado tarde, la Iglesia Católica pidió perdón.

   Darwin es a la biología lo que Newton a la física. “Origen de las especies” desmontó al Dios creador a su imagen y semejanza tras demostrar que todos los seres vivos, incluido el hombre, evolucionan por seleccionan natural. Hace poco la Iglesia Anglicana le rogó disculpas por su tozudez e ignorancia. 

   Rousseau es a la política lo que Darwin a la biología o Newton a la física. Con una diferencia: “El contrato social” es una de las mayores estafas de la historia de la Humanidad. El Estado no es una creación del hombre: el hombre es una creación del Estado. El Estado ya existía cuando yo nací. No contraté con nadie ni nadie contrató conmigo para crearlo. Nadie me preguntó sobre sus reglas del juego. Ni puedo escapar de su dominación por más que lo quisiera. He ahí la trampa.

  Con los argumentos democrático y constitucional, Rousseau se encargó de justificar la existencia de un Estado que ya existía. Pero a decir verdad, apenas si le cambió de ropa. El Estado pasó de ser absolutista por la gracia divina a oligárguico para desgracia de todos. Siguieron mandando unos pocos. Los de siempre. El Estado es un mal padre que prefiere a unos hijos más que otros. Y suele dar pan y vino a quien padece úlcera de estómago y cirrosis hepática. Banqueros, por ejemplo. Yo no confío en él. Pero es que ya no confían ni los que maman de sus ubres.

           A la física de Newton la derogó la mecánica cuántica. Los dogmas de su física aplicables a lo inmensamente grande se convirtieron en indeterminación e incertidumbre para lo infinitamente pequeño. Y porque algo puede ser y no ser a la vez, se abren los ascensores o hablas por el móvil. La evolución darwniana estalló en mil pedazos con la manipulación genética que permite tener hijos a parejas infértiles o sembrar melones en el desierto. ¿Y quien ha derogado a Rousseau? Nadie. La sociedad funciona con tecnología digital e instituciones decimonónicas. Porque a nadie conviene convertir la certeza de esta democracia enferma de certidumbre, en una apuesta decidida por la intervención directa e imprevisible de la ciudadanía. Todas las opiniones de todos los Parlamentos del planeta caben en una mesa camilla. Porque todos votan en bloque. Igual que obligan a votar en bloque a los ciudadanos. Pero hay muchos que no votan. Y muchos que votan a opciones excluidas por las reglas injustas de la democracia participativa. Y muchos que votan a quienes salen elegidos y luego carecen de la posibilidad de recusarlos o de impugnar sus decisiones. Ya verán. El futuro pasa por la democracia cuántica.  

 

Video Resumen Del Seminario En Chauen

General Retroenlaces (0) Añadir comentario   

 (Más)

Primera Tertulia De Perplejos

General Retroenlaces (0) Añadir comentario   

Aquí tenéis el enlace para escuchar la primera "tertulia de perplejos"

http://blip.tv/file/1312228

El Velo De La Maestra

el insurrecto Retroenlaces (0) Añadir comentario   
 
 
María cumplirá cinco años el mes que viene. Es sincera e imprudente como todas las niñas de cinco años. Su madre la espera en la puerta del colegio. La besa y la peina. Ella sonríe. Se toman de la mano para cruzar la calle, en manada, unos metros por encima del paso de cebra. Luego la sube en el asiento de atrás del todoterreno aparcado sobre la acera. Y comen con su padre que llega del trabajo media hora más tarde con aliento a cerveza. La chica de la limpieza ha preparado un guiso. No le gusta.

             La liturgia del almuerzo comienza con un beso en la mejilla del padre y la narración por la niña de lo ocurrido en clase. Llegamos. Asamblea. Hablamos del fin de semana. Fichas. Patio. Jugamos. Merienda. Y después entró una seño nueva con un trapo en la cabeza. ¿Cómo?, pregunta la madre. Que entró una seño nueva con un trapo en la cabeza. La madre se aparta bruscamente de la mesa y se atusa el cabello con las dos manos. Adónde estamos llegando, dice. Menudo ejemplo para una niña. Qué valores y qué leche. Dónde se ha visto a la maestra cubierta con una señal atávica y discriminatoria para la mujer. ¿Multiculturalismo? ¿Educación para la ciudadanía? Una mierda.

             El padre le recrimina la expresión con una mueca. Lo peor no es eso, argumenta. Lo peor es que en el currículo escolar infantil sólo exista una asignatura diferenciada de las demás: religión o historia de las religiones o cómo se llame ahora. Justo la que no debiera darse en la escuela. Eso no es lo peor, prosigue la madre. Lo peor es que a tu hija le da clase una mujer con un velo en la cabeza sin que nos hayan pedido permiso. Pero esto no va a quedar así. Mañana mismo hablo con el director. Y tú niña, ¿te vas a comer eso o no? Ya te he dicho que no me gusta mamá, le reprocha. Vale, ahora le digo a la chica de la limpieza que te fría unas patatas con tal de que me dejes tranquila.   

             El director la recibió amablemente a primera hora. Es joven. De unos 35 años. Con vaqueros y camisa por fuera. Antes de cederle la palabra, el director felicita a la madre por interesarse en la educación de su hija. ¿Qué desea? A mi hija le está dando clase una mujer con un velo en la cabeza. Y yo creo que para ser maestra en nuestro país debería integrarse con nosotros y respetar nuestras costumbres. Porque para mí el velo es un símbolo de opresión machista. Algo así como tirar a la basura los siglos de lucha por la igualdad de las mujeres en el mundo civilizado. Mire, le contesta el director, yo creo que es un ejemplo de respeto y tolerancia. ¿Y a mi hija quien la respeta? ¿Y a mí? Ahora mismo presento una queja a la asociación de padres, a la consejería, al juzgado, dónde sea, pero yo no quiero que mi hija vea normal lo que no es normal.

             Buscó a su vecina que tiene un hijo de cuatro años y le contó el caso. La vecina llamó a otra y ésta a otra. A la salida se juntaron una docena de madres con una pancarta. Irrumpieron en el colegio gritando contra el director y por los derechos de las mujeres. Entraron en el aula de infantil. Sin llamar a la puerta. La maestra estaba sentada. Tenía un velo en la cabeza. Es monja.