
Veinte años antes de su muerte, Tolstói comenzó a escribir un drama autobiográfico al que llamó Y la luz brilla en las tinieblas. En él se retrata incoherente. Atormentado. Solo. El príncipe intelectual y moral de la revolución bolchevique, no soportaba vivir como un noble mientras alentaba con sus palabras la insurrección de los miserables. El oficio de escritor permite duplicar su existencia en personajes que viven en cada página lo que desearía haber vivido. Tolstói no lo hizo con su propia muerte. Él ansiaba morir en paz con su conciencia, como un mendigo, en la calle, lejos de su palacio y de su esposa. Pero dejó la tragedia inacabada para que la terminase de escribir la vida. Por cobarde.
Rosa Aguilar, la princesa intelectual y moral del liberalismo comunista, también quiere abandonar su casa y su pareja de gobierno. Huir. Pero no puede. Por cobarde. Y ha decidido que sea la vida, que sean otros, los que pongan final a su tragedia íntima. Como Tolstói.
Ella sabe que es el gozne en los pactos globales de IU y PSOE. Aún así, actuó por su cuenta desde la campaña para dejar claro que quien pactaba en Córdoba era Rosa Aguilar y no su partido. La razón del acuerdo consistía en que todos los éxitos y fracasos del cogobierno fuesen imputables a ella y al PSOE, nunca a IU. Conseguido. Ahora solo queda salir de donde no está para cruzar a la otra orilla. Pero nadie la llama. Ni nadie la echa. Tiene que irse sola. Y ha llegado el momento.
Ya no queda nada de aquella IU de los 21 escaños en Andalucía. Miento. Queda el Partido Comunista. Y sus sedes. Es decir, todo. En Sevilla es más que probable que ganen los críticos con el apoyo del ínclito Sánchez Gordillo y los suyos de la CUT. Pero en el resto de Andalucía, ganará el PCA. Y en la federal, el PCE. Y entonces Izquierda Unida volverá a ser lo que siempre fue: una realidad virtual y evanescente compuesta del partido y de los que comen del partido.
Stefan Zweig, en una magnífica recomposición del final del drama de Tolstói, pone en boca de un estudiante estas palabras: “Todos nosotros tenemos una sola pregunta que hacerle, Lev Nikoláievich Tolstói. Todos nosotros. Toda la juventud revolucionaria de Rusia. Y no hay ninguna otra. ¿Por qué no está usted con nosotros?”. Rosa Aguilar respondería: “Porque nunca estoy con los perdedores”.
La única perdedora del Congreso Federal de Izquierda Unida será Izquierda Unida. Y todos los que se identificaron con esa tienda de disfraces en quiebra. Rosa Aguilar incluida. Todo el mundo sabe que ella no está en el partido. Que ha cerrado filas con Chaves en numerosas ocasiones, algunas tan escandalosas como votando a senadoras socialistas o en contra de unas elecciones propias para Andalucía. Pero Chaves no la llamará porque no le conviene a él ni a su partido. Todavía.
Tolstói murió de manera ejemplar a finales de octubre de 1910. Escapó para ser nadie. Para estar a solas con su Dios. Y se hizo grande para toda la humanidad. Ella sólo se irá para ser alguien. Sólo se irá para seguir viva. Con su Dios. Que es ella misma.